Así se trabaja en las redes sociales del Mutua Madrid Open

Antonio Arenas Noticias Mutua

Recuerdo que fue en la sala de prensa de la ciudad deportiva del Manchester City. En aquella época, me dedicaba a ser periodista haciendo fútbol en Reino Unido. Era un trabajo divertido pero que no tenía ningún futuro, así que unos meses antes de que me personara en las dependencias del club de Manchester, había decidido poner punto final a mi carrera de reportero. De hecho, ese día estaba casi despidiéndome de la profesión.  Tocaba volver a España y buscarse la vida de lo que fuera. Entonces, hablando del tema con un compañero que también andaba por allí y que tenía contactos en el mundo del tenis, surgió la posibilidad de incorporarme al Mutua Madrid Open para formar parte del equipo de redes sociales. No lo dudé ni un instante. Hice las maletas y me planté en la Caja Mágica ilusionado con la idea de continuar mi carrera profesional en un evento de primer nivel mundial.

Sabía que la exigencia iba a ser máxima y me preparé para ello. Quería cumplir a nivel de contenidos con lo que uno espera cuando uno de los torneos más importantes del circuito tenístico comunica con sus fans. Así, me presenté con algunas ideas que, pensaba, podían aportar valor añadido a la mesa de redacción. Entre todas ellas, destacó una que puse en práctica casi desde el primer momento: utilizar un estabilizador para el móvil consiguiendo de esta manera, grabar vídeos como si llevara una cámara de televisión de verdad en lugar de un simple teléfono. La cosa funcionó muy bien y en seguida empecé a proveer documentos lo suficientemente diferenciales como para que nuestras audiencias reconocieran el buen desempeño que estábamos haciendo a la hora de acercarles todo lo que ocurría sobre la arcilla de Madrid. Sin embargo, el artilugio que me proporcionaba el éxito laboral, era parecido a un palo selfie. Más sofisticado (con un par de baterías y alguna historia más) pero primo hermano de la extensión para las autofotos. La consecuencia fue que, antes de acabar la primera semana de competición, ya era conocido por todos como “Palo Man”.

Convertido por tanto en una especie de personaje de tebeo, me dediqué a recorrer todos los rincones de la instalación a la búsqueda de esa imagen que nunca antes se hubiera visto. Público, empleados de seguridad, tenistas… todos me vieron paseando el mencionado palo por las gradas, las pistas de entrenamiento, los vestuarios… no hubo un sólo sitio en el que no me metiera. Siempre respetando, claro está, el espacio de los jugadores. Gracias al palo y a las carreras a toda prisa de un lado a otro, los aficionados pudieron ver a Andy Murray entrenando en la antesala del túnel de vestuarios, acompañar a Novak Djokovic en su salida a la pista central escoltado por las recogepelotas o repartir cervezas a Simona Halep entre los periodistas acreditados cumpliendo así una promesa que había hecho tras pasar una de sus rondas. Esto, entre otras muchas cosas. Y costó lo suyo. Hizo falta estar en el momento justo en el lugar adecuado. Un arte el del oportunismo que requiere de mucha paciencia (hay que esperar hasta que el protagonista aparece) y algo de suerte (si el protagonista no hace nada distinto en ese instante, de poco vale todo lo que se ha esperado).

Alguno puede pensar que con el palo todo fueron éxitos editoriales. Pero no. También hubo fracasos sonados. Quizás, el mayor de todos fue aquel en el que, estando en un entrenamiento de Rafa Nadal, un miembro de su staff se interesó por la tecnología que estábamos utilizando para registrar las andanzas de su pupilo. Yo, con mi predisposición habitual, le enseñé con detalle el instrumento, indicándole además que estábamos emitiendo en directo a través de Facebook Live la práctica. Interesado por lo que le contaba y viendo que la audiencia rondaba los 2.000 espectadores, el hombre agarró el cacharro y tomó las riendas de la realización, considerando oportuno enfocar a cualquier cosa menos a Rafa pegando bolas. Yo no sabía dónde meterme. Tuve suerte de que se cansó pronto y, habiendo recuperado el control de la herramienta, di por finalizada la emisión, capeando de la mejor manera posible el aluvión de comentarios que exigían una explicación de por qué habían dejado de ver a su jugador favorito.

Si en la presente edición del Mutua se dará tan bien como en ediciones anteriores o si tendremos más incidencias tipo alguien poniéndose a hacer lo que no le toca, es algo difícil de predecir. Lo que es seguro es que “Palo Man”, volverá para intentar conseguir las mejores imágenes para los fans. Que no es otra cosa que conseguir lo que se merecen.

*Juan Morán forma parte del equipo de comunicación del Mutua Madrid Open y es uno de los responsables de las redes sociales del torneo