Ganar perdiendo

Antonio Arenas Noticias Mutua

Recuerdo este momento porque realmente fue impactante. Y años después, viendo el crecimiento del protagonista, esa memoria ha ido tomando mayor cuerpo. En la segunda ronda del Mutua Madrid Open 2012, Roger Federer y Milos Raonic jugaron un partido realmente abierto (4-6, 7-5 y 7-6 del suizo) para completar la jornada. Noche cerrada en la capital, estadio Manolo Santana iluminado por los focos y dos generaciones separadas por una red. Ingredientes de sobra para vivir un espectáculo especial.

El instante memorable, sin embargo, no sucedió durante el encuentro, de una intensidad notable y con Roger colgado de la red para sacudirse el dominio de Milos. Alrededor de la medianoche, y tras un partido que fue una batalla abierta de principio a fin, se produjo una de las intervenciones de más ambición que recuerdo en boca de un deportista tras una derrota. “Entré en esa pista pensando que puedo competir ante los mejores. He salido de ella sabiendo que puedo hacerlo”, declaró Raonic tras rozar la victoria con la yema de los dedos. Fueron palabras secas, de una franqueza total, lanzadas desde la seriedad del que confía en lo dicho. Con una madurez total para encontrar la lectura positiva en el desánimo del derrotado.

La demostración de que las grandes historias no siempre van hermanadas con una copa de campeón o una sonrisa para el recuerdo. Los caminos de superación están llenos de caídas, tropiezos que hacen más fuerte al protagonista preparándole para cuando llegue su momento. De eso se trata el crecimiento, de encajar los golpes, de aceptar los sinsabores sin dejar de estar en movimiento. Algo que Milos, hoy convertido en uno de los principales referentes del ATP World Tour, plasmó como pocos en aquella madrugada madrileña de 2012.

Fue el hambre hecho palabra. La convicción de un joven, de 21 años entonces y sin un puesto en el Top20 en sus manos, de competir por todo y ante cualquiera. Sin importar escenarios ni entidad de rivales. La templanza de quien se ve preparado para dar el salto y buscar la cima del deporte. Entrenado entonces por Galo Blanco y siendo una versión sin pulir del jugador que es cinco años después, ya finalista de Grand Slam y habiendo tocado el Top 3 mundial, la muestra de una cabeza privilegiada para aceptar la dureza del deporte.

Creo que es el tipo de valor añadido que ofrecen torneos como el Mutua Madrid Open. Un evento que congrega a los mejores jugadores del mundo y que permite ver de cerca aspiraciones de todo tipo. Leyendas con las carreras ya bien curtidas pero también a los mejores tenistas en ascenso del circuito con infinidad de objetivos por cumplir. Y el escenario es lo suficientemente fuerte como para ver duelos directos entre ambos. Una oportunidad que llega cada primavera al corazón de España para que todos los amantes del deporte puedan contemplarlo.

Es la grandeza del deporte a unos metros de distancia y la posibilidad de vivirlo en Madrid, en un torneo donde se juntan los mayores talentos de ambos circuitos. Un hecho que nos debe hacer valorar el altísimo nivel de competición que tenemos la suerte de vivir al lado de casa. Cada edición, en constante mejora respecto a la anterior, va dejando momentos especiales que cada uno ya puede llamar suyo. La grandeza de vivir el aquí y el ahora de deportistas que pelean por hacerse un hueco en la historia. Seguro que la edición de 2017 tiene reservados momentos para el recuerdo. Cuento las horas para poder volver a disfrutarlo.

*Álvaro Rama es periodista de Eurosport y El Confidencial