La historia acecha en la Caja Mágica

Antonio Arenas Noticias Mutua

Una de las señales de la grandeza de un torneo de tenis es la memoria que es capaz de crear para sí mismo o para todo el mundo del tenis: Por ejemplo, las ocasiones en las que en sus pistas han tenido lugar primeras veces, el momento en que sucede algo que luego genera historia. El Mutua Madrid Open, a lo largo de sus primeros 16 años de historia, ha generado ya mucha memoria, primeras veces, historias ocultas, tendencias y momentos épicos.

Sorpresas totales, no muchas, porque lo cierto es que en su cuadro masculino el Mutua es terreno de números uno: fue el cuadro femenino quien vino a dar la primera campanada resonante cuando en 2010 Aravane Rezai se hizo con el título dejando en el camino a una colección de números uno como Justine Henin, Jelena Jankovic y Venus Williams.

Primeras veces, varias, como aquella en la que hace más de una década apareció en la pista un chavalín –un prometedor júnior, dicho más técnicamente- de melenas setenteras y camiseta sin mangas, a quien la pista se le quedaba pequeña pero que perdió frente a Álex Corretja. O cuando poco antes el emergente Roger Federer se cargó a Marcelo Ríos, y al poco resultó haber sido un partido entre dos números uno del mundo, el recién llegado y el recién destronado. O ese Novak Djokovic que siendo en 2006 un modesto cabeza de serie derrotó en primera ronda a Gasquet: fue el primer capítulo de una gran historia que aún dura. También en 2014 un joven de 21 años llamado Dominic Thiem se cargaba al campeón del Abierto de Australia, Wawrinka, como paso previo a inscribirse él también en el top-10.

Momentos épicos, como aquel partido que empezó a primera hora de la tarde entre quien ya era conocido en todo el mundo como Rafael Nadal –el chavalín de las melenas- y un aspirante a líder llamado Novak Djokovic y que acabó cuando ya anochecía, después de cuatro horas y tres minutos de batalla, y que hoy se recuerda como el partido de tres sets más largo de la historia. O la semifinal que jugaron David Ferrer y Kei Nishikori: nada menos que diez bolas de partido necesitó el japonés para quebrar la resistencia del de Jávea.

Y tendencias, muchas: la introducción de las –y los- modelos recogepelotas, luego seguida con profusión. La introducción del pigmento azul a la tierra batida, cuya historia está aún por continuar, o la introducción este año del Tie Break Tens, el torneo de desempates entre estrellas, que prefigura una de las posibles líneas de evolución del tenis en el futuro, o al menos la ofrece en un momento de encrucijada.

Así, cuando nos acomodemos en nuestro asiento de la Caja Mágica y oigamos el ‘play’ que señala el inicio del partido, bien haremos en aguzar nuestros sentidos y retener en nuestra memoria todo lo que veamos: quien esté sobre la pista puede estar haciendo historia. Con mayúsculas. Y podremos decir que lo vimos.

*Fernando Carreño es periodista del diario MARCA