Zverev: el triunfo prematuro

Antonio Arenas Noticias Mutua

A veces, el secreto está en casa. Y así empieza la historia de Alexander Zverev.

El pequeño Sascha es el menor de una familia que ha respirado tenis toda la vida. Su padre, Alexander Sr., fue tenista profesional (No. 175 del mundo) y su madre, Irena, es entrenadora. Por si fuera poco, su hermano mayor, Mischa, también empuña la raqueta. En ese contexto, cuando Alexander llegó al mundo el domingo 20 de abril de 1997 tenía escrito cuál sería su destino. Sólo el paso de los años dictaría hasta dónde ascendería un techo que aún hoy parece estar lejos de su límite.

La familia de origen moscovita se trasladó a Hamburgo (Alemania) seis años antes de que el menor de los Zverev naciera. Y desde muy pronto, por imitación de lo que veía cada día en casa, acabó pisando una pista para recibir lecciones de tenis con tan solo cinco años. Así empezó el trabajo de un padre que entregó sus conocimientos a sus dos hijos, lejos de su tierra natal pero con la convicción de que contaba con todos los recursos para que ambos desarrollasen su talento. El tiempo le daría la razón.

Sascha creció admirando los éxitos de Roger Federer y con la ilusión de algún día poder jugar frente a su ídolo de infancia. Con 15 años demostró que su sueño no era una utopía. El camino estaba señalado, sólo tenía que seguirlo. En 2013 disputó la edición junior de Roland Garros, donde se quedó a las puertas del título y sólo unos meses después en el Abierto de Australia 2014 consiguió su primer trofeo de Grand Slam en esta categoría (derrotó a Kozlov). El joven alemán de origen ruso llegó hasta el No. 1 júnior. La historia prometía.

Por entonces, su hermano ya había irrumpido en el Top 100 del Ranking ATP. Mischa era un espejo en el que mirarse para Sascha y, al final, para Alexander Sr cada entrenamiento era un trineo tirado por dos lobos hambrientos. El destino quiso que una lesión retrasara la posición en la clasificación mundial del mayor y ambos prepararon un nuevo asalto entre los cien mejores prácticamente de la mano.

El 18 de mayo de 2015, Alexander Zverev accedió al Top 100. Tenía 18 años. Una temporada más tarde ya presentaba la etiqueta de Top 20, en 2017 saltó al Top 10, mientras que en 2018, tras levantar la corona en el Mutua Madrid Open, se consolidó en el Top 3 que aún hoy conserva. “Creo que mi padre podría ser uno de los mejores entrenadores familiares de todos los tiempos. No creo que otro entrenador lo haya hecho, llevar a dos jugadores desde la base, absolutamente desde cero al Top 25 del mundo. Así que creo que realmente es uno de los más grandes entrenadores de todos los tiempos”, reconoce hoy Sascha.

“Mi padre tiene dos hijos que han estado al mismo tiempo entre los 25 mejores del mundo con dos estilos de juego completamente diferentes. No es fácil hacerlo. Tienes que ser muy inteligente, tienes que saber qué entrenar y qué enseñar. Nuestras sesiones de entrenamientos son completamente diferentes”, añade sobre el mérito de su progenitor. Pero Alexander Sr. no ha estado solo para ir tallando a un jugador que regresa a la Caja Mágica para defender su corona esta vez con 22 años. Leyendas del circuito como Juan Carlos Ferrero en 2017 o Ivan Lendl desde agosto de 2018, han ayudado a pulir a un joven talento llamado a marcar una época en la ATP.

Así lo está haciendo desde que irrumpió en la élite hace ya tres temporadas, en un circuito que se acostumbra cada vez más a batir a récords de veteranía y donde las carreras son más largas. No obstante, el tenis sigue festejando las victorias de su ídolo, que recientemente se convirtió en el segundo jugador en la historia en alcanzar los 100 títulos con 37 años, mientras otros como Rafael Nadal (32), Novak Djokovic (31) o Juan Martín del Potro (30) siguen peleando con él mano a mano por los títulos más importantes o el No. 1 del mundo.

Y ahí es donde reside el mérito de Alexander Zverev. El triunfo de lo prematuro. Sus hazañas en el circuito se remontan a épocas anteriores, donde el descaro de nombres desconocidos sorprendía cualquier quiniela. Así lo hicieron Lleyton Hewitt o Rafael Nadal en los últimos tiempos. Ahora es al alemán a quien le toca tomar el testigo. Sin ir más lejos, el pasado mes de noviembre levantó las ATP Finals, el torneo que reúne a los ocho maestros cada temporada. En Londres se convirtió en la raqueta más joven en ganar el torneo desde que lo hizo precisamente su rival en la final, Novak Djokovic, cuando aún se disputaba en Shanghái en 2008.

De nuevo, aquel día, la memoria se remonta hasta las tardes en Hamburgo en los que aún niños Sascha y Mischa, capitaneados por Alexander Sr., soñaban con llegar algún día a abrazar trofeos como esos. “Me gustaría darle las gracias a mi padre, que ha sido mi entrenador toda la vida. No parará de llorar hasta el año que viene, seguramente. Gracias también a Ivan [Lendl] por unirse a mi equipo. ¡Creo que todo funciona por ahora!», dijo entonces el alemán aún en pista en la ceremonia de entrega de trofeos. Era el cierre a una temporada en la que terminó con los mismos trofeos que Djokovic y Federer (4), así como con el mayor número de victorias de cualquier jugador en todo el curso (58).

Y como de bien nacidos es ser agradecidos, hoy Sascha y Mischa siguen devolviendo el esfuerzo familiar en forma de títulos. Ahora también comparten el mismo lado de la pista. Juntos han alcanzado siete finales en la prueba por parejas para levantar un total de dos trofeos de dobles en Montpellier 2017 y este mismo año en Acapulco 2019. En solitario, el menor de los Zverev ya acumula 10 coronas y esta vez regresa al Mutua Madrid Open con la intención de demostrar por qué le pertenece el apodo de ‘El Principito’.