Un torneo para vivirlo, sentirlo y disfrutarlo, más allá del resultado

Mutua Madrid Open Tenis

We could overwhelm you with statistics and reel off a list of young talent that has graced international team competitions in the last 20 years. We could endlessly namedrop players and talk about their subsequent stunning careers. Many of them have left their mark and gifted the tournament with a prestige that still lives on today. But we are going to focus on the value of the experience of being part of such a tournament for moulding the personality of boys and girls under the age of 16 who dream of being tennis players and make daily sacrifices in pursuit of their goal.

The finals of the Junior Davis Cup and the Junior Fed Cup by BNP Paribas are the game’s Ivy League Universities. But the young guns are not learning about economics, biology or history; the curriculum is pure tennis and it is for youngsters, players who are developing and will soon attempt to make the leap into the professional game and become the future of this sport. Today they are part of this journey towards graduation, a place to have fun while providing competition that arouses the spirits of the fans in a professional environment, but without the intense pressure.

Apart from the obvious stimulant of competition (everyone wants to win, always, whatever the game), the essence of an event like this is (or we would like it to be) in the sportsmanship and the memories of this intensive course that they will treasure forever. As if it were the most important event in the world, and at the same venue as the Mutua Madrid Open to boot. The infrastructure and the logistics could not be any better.

For the South Americans it will evoke particular satisfaction as, after a couple of years, the competition is back on the clay courts they know and love. Their connection to this surface will always be different to that with any other. And just when the world of tennis is discussing what place slow-court tournaments can have in the coming years on a tour that is increasingly biased towards hard and fast surfaces.

Every team’s hopes and dreams will ensure that they are all at the top of their game. There is always room for a touch of constraint, not because of the skill level or individual ability (you will be surprised to see how much they look like the tennis players we see every week on our screens), but because of the point of development and maturity the real stars of the tournament, the players, find themselves at. So the event becomes a chance to demonstrate to themselves, to the fans and the companies that tennis is not only an elite pursuit, it is an essential academy for the medium and long-term future, in the true sense of the term.

Names apart (I am tempted to mention my favourites, of which there are several), and those of the favourite teams, they all arrive with the same goal: court time against the world’s best in the age group and then to be able to measure how far they have progressed compared to their individual goals and possibilities and in which areas these diamonds still require some polishing. It is worth remembering that the 32 participating teams, 16 in the boys’ competition and 16 in the girls’, have qualified from a first round in which 168 groups from 94 countries competed.

Tennis is a global sport, with highly recognisable stars and its future is bigger than the names that play it. In this context, in one week there will be a blend of moments for relaxation, in which the game can be forgotten, and, of course, there will be fist pumps, glares at the opposition in a demonstration of the desire to win and even the odd insult when a point is lost. At the end of the day, they are kids, even though they may be under the microscope at a very early age. We must not forget that everyone matures at a different rate and it is too early to be talking about what potential they may or may not have. In tennis there tend to be abrupt changes from one season to the next and only time will tell, but at the moment we can at least encourage them to hold on to their youth, the joy of playing the game and the desire to progress. They will have time to experience the best and worst of the maelstrom that is professional tennis when they are professional players. Now it is time to grow and have some fun.

By Marcos ZugastiPodríamos aturdirlos con estadísticas, contar una y otra vez los talentos que han podido disputar mundiales los últimos 20 años. Recalcar apellidos y posteriores carreras que fueron (son) asombrosas, pero no. Muchos han dejado su huella y han dotado a la competición de un prestigio que a día de hoy aún sigue vigente… Por eso elegimos esta vez poner el foco en el valor de la experiencia de ser parte de un torneo así para moldear la personalidad de chicos y chicas menores de 16 años que sueñan con ser tenistas; ya de por sí, bastantes sacrificios hacen a diario para alimentar esa ilusión.

Las finales de la Copa Davis y la Fed Cup Junior por BNP Paribas son una suerte de Universidad en la que se dictan cátedras. Este curso intensivo no es sobre economía, biología o historia; es sobre tenis y para menores, para jugadores que están en desarrollo y que en los próximos años intentarán saltar al profesionalismo y ser el futuro de este deporte. Hoy son parte de un viaje de egresados proclamado como un código de disfrute para abordar la competencia tenística que mueve los sentimientos de los fanáticos en un clima profesional pero sin tirantez.

Más allá del estímulo lógico de la competencia (todos quieren ganar, siempre, a lo que sea), la esencia de un evento así pasa -o desde aquí nos gustaría que pasara- por el fogueo y el recuerdo que atesorarán los jugadores en esta especie de curso acelerado. Como si se tratara de un evento grandísimo y, justamente, en la misma venue del Masters 1000 de Madrid como motivación extra. La infraestructura y la logística no podrá ser mejor.

En el caso de los sudamericanos, además, provoca una sensación especial que, luego de un par de años, la superficie de la competencia vuelva a ser el bendito polvo de ladrillo. El arraigo y la conexión con este tipo de canchas, sabrán, será siempre particular y distinta a cualquier otro… justo cuando el tenis mundial discute que cabida tendrán los torneos de cancha lenta a partir de los próximos años en un circuito cada vez con mayor prioridad para el cemento y las canchas rápidas.

Las esperanzas para todos los equipos seguro serán elevadas. Nunca está de más tratar de sumar una pizca de mesura, no por el nivel técnico o las capacidades individuales (se sorprenderán lo mucho que se le parecen a los tenistas que vemos por televisión cada semana) si no por el momento de desarrollo y crecimiento que transitan los verdaderos protagonistas del torneo, los jugadores. Entonces, el evento se convierte en una chance también para demostrarse a ellos, el público y las empresas que el tenis no es sólo una inversión elitista. Sino, necesariamente, una imprescindible cosecha a mediano y largo plazo. En el más cabal sentido del término.

Más allá de nombres (me tienta nos decir mis favoritos, realmente son varios) y de los equipos candidatos, todos llegan con un mismo prisma básico: ganar kilómetros en cancha ante los mejores del mundo en esta categoría y, luego, poder medir cuánto se ha avanzado en relación a las metas particulares y posibilidades de cada uno y en qué aspectos se puede seguir puliendo a estos diamantes. Vale recordar que los 32 equipos participantes, 16 en hombres y 16 en mujeres, se han clasificado de una primera fase en la que participaron 168 formaciones de 94 países.

El tenis es un deporte global, con iconos muy identificados y con una continuidad asegurada más allá de los nombres. En ese contexto, en una semana se mezclarán momentos para distenderse y no pensar en la raqueta y, por supuesto, puños al aire en los festejos, miradas punzante para demostrarle al rival las ganas de ganar y hasta algún que otro insulto en los puntos perdidos. Al fin y al cabo son chicos, aunque se apoye en ellos la lupa constante con prematura ansiedad. Hay que tener en claro que los ciclos madurativos no son iguales para todos y es prematuro hacer sentencias sobre tal o cual y su (no)proyección. El tenis suele ofrecer cambios bruscos de una temporada a la otra y el tiempo dará y quitará razones, pero de momento lo mínimo que podemos hacer es fomentar que no pierdan la frescura, la alegría y las ganas de progresar. Ya tendrán tiempo de convivir con lo mejor y lo peor de la vorágine del tenis cuando sean profesionales. Ahora, es tiempo de crecer y disfrutar.

Por Marcos Zugasti