Federer ahoga a Robredo en Londres

Mutua Madrid Open Tenis masculino

Nada es producto de la casualidad. Mucho menos cuando Roger Federer salta a una pista de tenis y el verde tiñe el escenario. Tampoco cuando el traje que envuelve al cuadrilátero de juego se esconde bajo los cimientos del All England Tennis Club. El suizo firmó ante Tommy Robredo el pase a cuartos de final de Wimbledon (6-1, 6-4 y 6-4), una ronda que visitará por duodécima vez en su carrera en sus 16 participaciones en el tercer Grand Slam del curso. Además con el triunfo ante el español, aseguró su presencia en una ronda en la que firmará su 42ª estancia en un evento de esta categoría, superando a Jimmy Connors y convirtiéndose en la raqueta que más veces lo ha logrado en la Era Open.

Sobre el césped londinense, el helvético olvida los problemas, las críticas y las dudas. Los viejos fantasmas que amenazan con apartarle de los grandes títulos y de la élite del circuito. Pero la hierba rejuvenece a Sir Roger Federer. Tanto que desde que arrancó la gira sobre esta superficie en el mes de junio ante Joao Sousa en Halle, el de Basilea no conoce la derrota. Los ocho rivales que ha encontrado a su paso, entre el campeonato alemán y el inglés, han terminado en la cuneta. El talento le sobra y sobre hierba le basta. Su servicio acelera el ritmo y su muñeca se encarga del resto. El revés cortado desde el fondo y la habilidad en la red enmarcan escenas de antaño, imágenes que evocan tintes de la época del hombre que hoy dirige su carrera, Stefan Edberg.

“Lo normal es que gane Federer”. Contundentes y realistas eran las palabras de Tommy Robredo nada más conocer que el suizo sería su rival de octavos de final. Sólo una victoria del español figuraba en el cara a cara particular entre los dos gladiadores en los once enfrentamientos previos. Al catalán ni siquiera parecía importarle ser el vencedor de la última batalla frente a frente en el Abierto de Estados Unidos. No maquillaba una diferencia abismal. “Federer es superior a mí, no nos podemos engañar”. Una nueva cruzada -la 12ª-, esta vez en el escenario preferido de su rival, se dinamitó en solo una hora y media de golpes perfectos.

Sobre la Pista 1 de Wimbledon, el suizo dejó claras sus intenciones. Las mismas que declaró nada más aterrizar en Londres: “Sin subestimar a nadie voy a decirlo: no solo he ido a pasar la primera ronda, sino a convencerme de que vengo a ganar el torneo”. Y es que si hay un Grand Slam en el que Federer pueda ascender hasta el Olimpo es en el mismo en el que lo ha hecho en siete ocasiones antes. Así lo reconoce su entorno. Toda su energía se derrocha en la capital inglesa. Y Robredo puede dar fe de ello.
En las últimas cinco ediciones de Grand Slam, sólo en Australia había podido alcanzar los cuartos de final. Ernests Gulbis reanimó las dudas en París. Pero la magia de la Catedral permanece inalterable. El hechizo que protege al suizo sobre el manto verde de Wimbledon se mantiene intacto un año más. 14 títulos en esta superficie –más que ningún otro jugador en la historia desde 1968-, 129 victorias en hierba y más de 70 en el All England Tennis Club hacen de Federer el verdadero jardinero del circuito. Nunca falla a la cita. Roger es el jardinero fiel.